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En personas que se acercan a la práctica de Yoga, se ha visto en variadas oportunidades, que muchas de sus problemáticas son generadas por el miedo.
En lo que al miedo se refiere, empecemos haciendo el siguiente ejercicio ya sea a través de la imaginación o de manera real: ¿Qué aparece en tu mente cuando entras en una habitación que está oscura y donde no podes percibir absolutamente nada?

La tendencia general es a proyectar aquello que tememos. Es curioso que en esas situaciones no proyectemos algo bonito o agradable sino que hagamos justo lo contrario. La oscuridad abre un espacio en el que nuestra mente no tiene en donde apoyarse generando inseguridad y miedo. De ahí sus proyecciones. Así pues el desconocimiento hace que proyectemos aquello que tememos. Nuestra parte negativa se vale de esto para mantener ocultas dentro de nuestra mente determinadas cosas con el fin de que no nos enfrentemos a ellas. En el momento en que pongamos luz sobre ellas, tomaremos consciencia de lo que es y en ese momento nos capacitamos para poder aceptar aquello y trasformarlo. Es así que nuestra parte negativa le conviene mantener oculto a través del miedo determinados contenidos porque eso le asegura que no nos atreveremos a indagar más allá, asegurandose que nos quedamos como estamos.

Recordemos la pelicula "El Show de Truman"
Donde simplemente a través del miedo al agua le mantenían prisionero en un escenario. Eso mismo hace nuestra parte negativa con nosotros, se vale del miedo para mantenernos confinados a una experiencia limitada y de esta manera nos impide cuestionarnos determinadas cosas y enfrentarnos a ellas, porque eso abre un espacio hacia una nueva forma de ser, una forma de ser integradora, y eso, nuestro instinto negativo, le teme.

Con una visión yóguica te puedo decir que existen dos clases de miedos: el miedo apropiado, y el miedo impropio.
El miedo es apropiado cuando se fundamenta en un peligro de existencia real, respecto del cual se puede tomar medidas para evitarlo.
El miedo impropio es el que surge de cosas que no pueden perjudicarnos, como por ejemplo tenerle miedo a una cucaracha, o que no podemos evitar, como tener miedo a envejecer. Esta clase de miedos nos lleva a deprimirnos y paralizarnos.

En realidad la mayoría de los miedos tienen su raíz en una forma errónea de percibirnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, es decir que tienen un origen mental, por lo que aprendemos con la práctica de Yoga, a controlar nuestros pensamientos, y así terminar con el temor.
Cuando hablamos del miedo, creo que vale la pena aclarar que tener miedo es positivo, es algo necesario en nuestro proceso de aprendizaje, ya que nos enseña a evitar cosas peligrosas, como meter los dedos en un enchufe, cruzar la calle sin mirar a los costados, etc.. A esto en Yoga le llamamos miedo apropiado, ya que es una clase de miedo que nos advierte que es peligroso hacer algo. Cuando el miedo es apropiado, sirve para tomar conciencia del peligro real para nuestra existencia.
Pero el miedo no es algo natural, sino que es algo que se aprende. Los bebes solo tienen miedo a dos cosas: a los ruidos fuerte y a caerse. Todas las demás cosas son los padres los que les enseñan a tener miedo, y lo hacen para protegerlos aunque a veces exageran el tono y crían niños temerosos.

Muchas personas se pasan la vida teniendo miedos infundados (miedo impropio), si te detenes a pensar en cuales son aquellas cosas que te infundieron miedo, veras que el 85% de ellas nunca sucedieron. El miedo permanente impide ser uno mismo, impide desenvolvernos con armonía, y hasta puede llegar a

Ser paralizante.
Muchos miedos son reales porque existen en cuanto a sentimientos, tú sientes miedo, pero son solo producto de pensamientos negativos. El miedo es en realidad una emosión que se puede cargar y descargar. Si nos surge y le permitimos quedarse nos asusta, si pensamos mucho sobre las posibles consecuencias desagradables, se agranda; y al mismo tiempo si lo descargamos se achica hasta desaparecer.

Claro está que la forma de contra-atacar el miedo, dependerá del grado de conciencia de quien lo padece. Si se trata de un niño necesitará sentir la protección de un adulto, y conocer las razones por las cuales no debe temer lo que teme, mientras que cuando se trata de un adulto, es necesario aprender a controlar nuestros procesos de pensamientos, para lo cual el Yoga posee varias herramientas a este respecto.

Cuando alguien nos dice que tiene miedo, puede ser que a nuestro parecer no tenga motivos para sentir el miedo que tiene, pero no debemos dudar que el que teme no le importa lo lógico o ilógico que nos pueda parecer. El miedo no se resuelve disminuyendo al que lo tiene, nadie deja de tener miedo porque le digan que es ridículo que tenga miedo. El miedo solo se puede controlar llegando a su raíz, y su raíz se encuentra dentro de la mente de cada uno. Con la práctica de Yoga, una vez que hemos tomado consciencia de los mecanismos de los que se vale la parte negativa para mantener su influencia, y por lo tanto el control, nos predisponemos a desenmascararlos más fácilmente. Cuando veamos que sucede alguna de estas cosas, procuremos ir más allá comprendiendo que quedarnos en no analizar nos lleva a no aprender. Si somos capaces de hacerlo veremos que al superar los miedos, podemos cambiar aquello que estaba generando ese malestar desapareciendo este para siempre.

El profesor de fisiología Min Zhuo explica: "El miedo no se consolida inmediatamente después de un acontecimiento traumático, sino que toma algún tiempo el que llegue a ser parte de nuestra conciencia. El acontecimiento inicial activa los receptores NMA (las moléculas en las células que reciben mensajes y producen un efecto fisiológico especifico) que están normalmente inactivas pero son accionadas cuando el cerebro recibe un trauma. Con el paso del tiempo, los receptores dejan su huella en las células cerebrales".

Aquí algunos de los miedos que se pueden tratar con la práctica de Yoga: miedo a ser rechazado, miedo a equivocarse, miedo al éxito, miedo a no conseguir pareja, miedo a perder la pareja que se tiene, miedo a la soledad, miedo a enfermarnos, miedo a perder el trabajo, miedo a los accidentes, miedo a perder un ser querido, miedo a la pobreza, miedo a la muerte, miedo a la vejez, miedo al ridículo, miedos inexplicables, miedo a tener miedo…

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