CHIA
Una cualidad única de la semilla de chia es su elevado contenido en aceite y ser la fuente vegetal más rica en ácido graso omega 3 (aproximadamente posee de tres a diez veces la concentración de ácidos grasos insaturados de la mayoría de los granos) y omega 6.
Estos ácidos grasos son considerados esenciales, al no poder ser sintetizados por nuestro organismo, luego la única forma de conseguirlo es a través de la dieta. Son los aceites esenciales que el cuerpo necesita para ayudar tanto a emulsificar como a absorber las vitaminas solubles en grasa (A, D, E y K).
Son importantes para la respiración de órganos vitales y hacen más fácil que el oxigeno sea transportado por el sistema sanguíneo a las células, tejidos y órganos. Además ayudan a mantener la lubricación de las células y combinan con la proteína y el colesterol para formar las membranas vivas que mantienen a las células juntas.
Resultan esenciales para la actividad glandular normal, especialmente para el tiroides y la glándula adrenal. Nutren las células de la piel y son esenciales para nervios y membranas mucosas saludables. Su función en nuestro organismo es cooperar con la vitamina D para que el calcio esté disponible en nuestros huesos, ayudando a la asimilación de fósforo y estimulando la conversión de caroteno en vitamina A. La forma más habitual de comer las semillas de chía es mezclándolas con agua o zumo. Se pueden añadir de 1 a 3 cucharadas según los gustos, se remueven y se dejan reposar un mínimo de 15 minutos hasta que forman un gel, el cual puede añadirse a la comida.
La ración habitual es de 10 a 20 gramos y suele consumirse como un ingrediente complementario en otros platos principales (ensaladas, batidos, yogures, panes, galletas, zumos, etc.)





